Lipedema: todo lo que necesitas saber

El lipedema es una enfermedad crónica del tejido adiposo que afecta casi exclusivamente a mujeres y que, en muchos casos, permanece sin diagnosticar durante años. Muchas pacientes llegan al consultorio convencidas de que el problema es “comer demasiado” o “no esforzarse lo suficiente”, cuando en realidad están frente a una condición con bases hormonales y genéticas claras.

Reconocerlo no solo cambia el tratamiento. Cambia la forma en que una mujer se mira a sí misma.

¿Qué es el lipedema?

El lipedema se caracteriza por una acumulación simétrica y bilateral de grasa, principalmente en piernas y caderas. A diferencia de la obesidad común:

  • La grasa suele ser dolorosa al tacto.
  • Se inflama con facilidad.
  • Aparecen moretones sin golpes evidentes.
  • Se palpan nódulos subcutáneos.
  • El tronco puede perder grasa con intervenciones habituales, pero las piernas no acompañan.

Un hallazgo clínico típico es el “signo del brazalete” o cuff sign: la acumulación de grasa se detiene bruscamente a nivel de los tobillos (y a veces en las muñecas), respetando pies y manos.

Además, muchas mujeres notan que el cuadro empeora en momentos de cambios hormonales importantes como la pubertad, el embarazo o la menopausia. Esto refuerza el fuerte componente hormonal de la enfermedad.

No es lo mismo que obesidad. Y tampoco es linfedema.

Una de las mayores confusiones es creer que el lipedema es simplemente “grasa difícil de bajar”. Pero no es así.

En la obesidad, el tejido adiposo responde —en mayor o menor medida— a cambios en la alimentación y el gasto energético. En el lipedema, la respuesta suele ser pobre o parcial, especialmente en las zonas afectadas.

Para diferenciarlo del linfedema, se utiliza el signo de Stemmer. Consiste en intentar pellizcar la piel en la base del segundo dedo del pie:

  • En el linfedema, la piel no puede pellizcarse debido al engrosamiento.
  • En el lipedema, sí es posible pellizcarla.

El diagnóstico es clínico. No se hace con la balanza. No se define por el IMC. No se confirma con una dieta restrictiva que “funcione o no funcione”. Se basa en el patrón de distribución, la simetría, el dolor y la historia de mala respuesta a tratamientos convencionales.

¿Por qué es tan importante saberlo?

La revisión publicada en Nature Reviews Disease Primers (2025) destaca que el lipedema no es una simple cuestión estética ni un exceso de grasa convencional, sino una enfermedad compleja del tejido adiposo con alteraciones estructurales, inflamatorias y microvasculares propias.

¿Tiene tratamiento?

No existe una “cura mágica”. El objetivo no es prometer soluciones irreales, sino:

  • Frenar la progresión.
  • Aliviar los síntomas.
  • Mejorar la función.
  • Optimizar la calidad de vida.

Y algo muy importante: el lipedema no es inmune a los cambios de hábitos.

1. Ejercicio físico bien prescripto

El movimiento es una herramienta terapéutica clave. No cualquier ejercicio, sino uno adaptado.

  • Actividades de bajo impacto.
  • Trabajo en el agua (hidroterapia, aquagym).
  • Entrenamiento de fuerza adaptado.
  • Movilidad y control postural.

Estos enfoques pueden mejorar la función, reducir síntomas inflamatorios y aumentar la calidad de vida. El ejercicio no “borra” el lipedema, pero sí puede modificar cómo evoluciona y cómo se siente.

2. Nutrición con enfoque inmunomodulador

No se trata de castigo ni de dietas extremas. El enfoque apunta a:

  • Reducir la inflamación sistémica.
  • Mejorar la salud metabólica.
  • Cuidar la composición corporal.
  • Evitar ciclos restrictivos que empeoran la relación con la comida.

Una estrategia centrada en calidad alimentaria, densidad nutricional y estabilidad metabólica suele ser más útil que la restricción agresiva.

3. Compresión

Las medias de compresión, cuando están bien indicadas, pueden disminuir la pesadez, el dolor y la progresión del edema. No son una solución aislada, pero pueden ser una herramienta complementaria valiosa.

4. Opciones médicas y quirúrgicas

En casos seleccionados, existen alternativas médicas o quirúrgicas (como liposucción especializada para lipedema) que deben evaluarse con profesionales formados específicamente en esta patología.

Un mensaje final

No todos los cuerpos responden igual. El lipedema es un recordatorio de que la fisiología no siempre encaja en los esquemas simples de “comer menos y moverse más”. Entenderlo cambia el tratamiento. Pero también cambia algo más profundo: la narrativa interna. Porque cuando el problema tiene nombre, deja de ser una falla personal y empieza a ser una condición que puede abordarse con conocimiento, estrategia y acompañamiento adecuado.

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